Historia
1. Una idea con futuro

Tenía que ocurrir. Quien está atento al latir menesteroso de su tiempo, descubre la raíz común de muchos problemas de la sociedad.

Estamos en Córdoba y a principios de siglo. Unos años antes, finales del XIX, la idea de una mujer, Paula Montal, se ha hecho realidad plena en el Colegio de Santa Victoria, fundado por el obispo D. Francisco Pacheco. Las escolapias se han hecho cargo de su dirección y ha tomado fuerza el carisma inicial de educar niñas pobres. Es tanto el prestigio del Centro, que a él acuden también las familias acomodadas.

Un sector de la población femenina cordobesa está siendo atendido. El otro sector, el de las mujeres con menos recursos, está bastante descuidado. Y es otro obispo, D. Adolfo Pérez Muñoz, quien tiene la feliz idea de fundar un colegio expresamente para ellas.

De nuevo la trayectoria docente de las escolapias pesa a la hora de elegir unas maestras que lleven a la práctica esa idea. Y, por supuesto, que no cobren nada, porque, aunque en esos tiempos la enseñanza privada no es gratuita, la falta de medios económicos de sus alumnas hará que su pago tome la forma -y es la mejor que un maestro puede recibir- de eficacia, reconocimiento y cariño.

Y nace así, el 24 de octubre de 1922, el Colegio de San Rafael, como pionero de la Formación Profesional femenina. El pueblo de Córdoba, queriendo personalizar su origen, le dará otro nombre: "Colegio del Obispo".

Se instalan las clases en los locales que en otra época sirvieron de graneros en el mismo edificio del Palacio Episcopal.

Los estudios primarios se complementan con los profesionales. Es una enseñanza básica y suficiente para obtener enseguida un empleo y salir de la situación de precariedad en la que se encuentran muchas familias. La formación personal con que salen del colegio hace que las alumnas de San Rafael se las rifen en Córdoba para cualquier colocación.

Con los años, el tipo de enseñanza va evolucionando y adaptándose a las nuevas exigencias. El edificio, en estado ruinoso, requiere también nuevas condiciones, y se construye uno nuevo en el barrio de la Fuensanta. Colegio y parroquia surgen al mismo compás como proyecto educativo común.

Aquella primera comunidad educativa - ocho religiosas, trescientas niñas y sus padres- es el fértil suelo donde el colegio actual hunde sus raíces. De ella se alimenta el aire fresco de las aulas, la risa de los patios, la espontaneidad de las fiestas, el esfuerzo ilusionado, el ambiente acogedor, las ganas de enseñar y de aprender, la convivencia entrañable.

No ha sido un camino fácil. La vida, a veces, es dura, pero las dificultades nunca han sido un freno. La voluntad de servir se ha mantenido firme durante más de ochenta años y ha dado fruto. Así lo atestiguan innumerables cordobesas que tiene a gala haber sido alumnas de San Rafael.

Feliz idea la de aquel obispo. Doctor en Teología y en Derecho Canónico, preocupado por los problemas sociales de su diócesis, supo dar solución a la raíz de muchos de ellos cuando enfocó su acción pastoral hacia el campo de la enseñanza. Seguramente intuyó que el progreso del hombre no puede ir de espaldas a la cultura. Y que evangelización y educación son dos caras de la misma moneda.

Pérez Muñoz fue un obispo con visión de futuro. La sociedad cordobesa de este siglo, probablemente ya no recuerde su nombre, pero las escolapias seguirán llevando adelante esta noble tarea que él promovió. Su obra y su vida atraviesan el tiempo y abren el corazón de muchos niños a un porvenir lleno de esperanza.

Carmen Muñoz

 


2. SUEÑOS DEL COLEGIO DE SAN RAFAEL
EN EL POLÍGONO DE LA FUENSANTA

Es el día 29 de diciembre de 1973 cuando encima de la mesa del administrador del Obispado, Pepe Vilela, encuentro el proyecto de un complejo educativo eclesial llamado San Rafael. Traté de enterarme por dónde iban las directrices. "Ya tenían referencias de la Madre Ángela Valtueña (q.e.p.d.). Las obras querían iniciarlas por el templo y a continuación el colegio. El diálogo ocasionó que ambas realidades se hicieran unidas. Llegábamos a un barrio obrero, necesitado de todo, pero los niños y adolescentes tendrían la preferencia. La escuela era lo primero y así queríamos responder a unos feligreses que poco a poco iban haciendo del barrio su casa. Salí del Obispado con la esperanza de vislumbrar un proyecto pensado para la realidad.

Por encima de los terrenos estaba el futuro elevado. No era el producto de mis hombros, sino el resumen de unas vidas consagradas, entregadas gozosamente a los demás...

Era una tarde de Navidad del año 1974. Hablé con la comunidad de monjas del Colegio de San Rafael, Ángela, Nieves, Ángeles, Isabel, Estrella, Asunción. Ellas sueñan, imaginan, piensan en su Colegio nuevo...

De momento el terreno está frío, silencioso, dormido. Mañana, lo deseado por todas, será liento, realidad, cosecha...

A mí me encontraron con las mismas ilusiones que ellas. ¿Por qué?. Cosas de Dios. Las carambolas de las personas favorecen los designios de Dios. Me alegro.

Al ser Navidad nos preguntamos, ¿cómo vivir el seguimiento de Jesús, sin estar al margen de todo eso que le ocurre a la gente cotidianamente?. Nuestra espiritualidad, decíamos, no lleva la ruta de la exquisitez sino lo normal y sencillo de la gente. En este andar esperanzado no queríamos ser los héroes sino más bien las personas cercanas y fraternas, las monjas y el cura que abogamos antes por un colegio que por un templo.

Con esta disposición nos sentíamos siempre unidos a trabajar por el proyecto y por el complejo educativo eclesial. Las dificultades y obstáculos fueron muchos y grandes pero la providencia de Dios fue mayor. El 21 de diciembre del año 1975, se inauguraba el Colegio de San Rafael y el Templo Parroquial. Fue el mismo día cuando los dos juntos recibieron la bendición del Obispo D. José Mª Cirarda.

Lo que significó lucha, trabajo, esperanza... habla, gracias a Dios, de espiga, cosecha, frutos... Recordad la parábola de Jesús de la semilla que se pudre y termina por ser espiga, nos consuela a todas y a todos. ¿Quién no recuerda al hilo de este mensaje a Pascual, sacerdote entregado a la educación y sobre todo, al Colegio de San Rafael?. ¿Cómo no tendría también que dar gracias por una mujer tan fuerte y tan consagrada como fue Ángel Valtueña?. Con personas así las obras de Dios tienen futuro.

Al sentir ya la presencia y eficacia del colegio de San Rafael en el barrio, y en tantas y tantas familias, nos satisface a todos y especialmente a una iglesia que intenta ser evangelizadora. Ojalá la Iglesia trabaje para los humildes y desde los humildes. A veces no se necesitan demasiadas estructuras para llegar al pueblo, a los sencillos, a los necesitados y estar y sentirnos entre ellos y con ellos. Pienso que no me equivoco si os digo que el complejo educativo eclesial San Rafael nació con este carisma y se está desarrollando bajo este impulso de comprometernos en la causa de Jesús. Él, como único y total maestro, puso las bases, la piedra angular para la construcción de la sociedad justa y fraterna. Es cierto que en el Colegio de San Rafael se adquieren aprendizajes de todo tipo, pero lo más cierto y real es que nuestro espíritu y causa está en el Reino de Dios.

Y así nació el nuevo Colegio de San Rafael.

Santiago Baena, Párroco de San Rafael